26 maio 2006

Torturing

El abuso de poder siempre esconde una mediocridad cobarde, una especie de venganza en cuerpo ajeno por las afrentas cometidas por la propia incapacidad. Un abusón no es más que un inútil que, para una vez que puede, quiere.
El gesto del bancario que te niega el crédito, la actitud del funcionario que te dice que te falta la copia amarilla, la mirada fulminante del cliente a la cajera que se equivocó en las cantidades y el jefe que te dice que hoy no te vas a cenar.
Freud tendría unas curiosas explicaciones sobre el asunto, pero yo me inclino más a pensar que tienen una vida aburrida, tan aburrida que los vuelve imbéciles, tan imbéciles, que no se dan cuenta de que no se consigue nada haciéndole la puñeta a alguien.
Al abuso de poder de un jefe le llaman mobbing, un neologismo más para evitar llamarle a las cosas por su verdadero nombre: tortura. Y como todas las torturas, es inútil, porque condena a los inocentes débiles y exonera a los culpables resistentes.

3 comentarios:

Amalia dixo...

Me encanta que sigas buscando una explicación al abuso. Para mi desgracia, ya no lo hago, o mucho menos, simplemente me pongo en contra.
Si ha tenido un problema o vive una vida aburrida, pues qué le vamos a hacer, no quiero saberlo, quiero que deje de machacar a otra persona. Nada más. No pongo tanta carga emocional, para bien ni para mal.
Más respeto.

fimdomundo dixo...

Estoy contigo Amalia. Además no sirve para nada saber por qué abusa el que abusa. Como mucho para compadecerse y entonces... Es más, creo que no es bueno comprenderlo todo. O incluso compadecerse de todos. Siempre habrá una razón última que explique lo que no se puede ni debería comprender, y saber esa razón, en estos casos, no lleva a ningún lado.
Todo pasa por el respeto. Claro.

Verme Guilherme dixo...

Teneis razón, lo de ponerles disculpas solo es válido para que el que lo sufre pueda sobrellevarlo mejor, pero el resto no podemos mirar para otro lado.
Pero a mi me ha servido en alguna ocasión considerar que simplemente se aburría, esperar a que escampe y seguir haciendo mi vida como si no me importase.